domingo, 11 de abril de 2010

Relación familia-escuela.

"No hay familias desinteresadas o indiferentes en relación con la escuela sino formas de interés diferentes por la escolaridad de sus hijos"
J.M. Queiroz (1982)
"El profesionalismo autoritario y la especialización a ultranza desaniman a los padres en el ejercicio de sus funciones. Se espera que los profesionales no bloqueen a las familias con su saber sino que les ayuden a ser más competentes"
Gobierno de Quebec (1986)
El niño vive y crece entre ambas instituciones que tienen un objetivo común, su desarrollo. Sin embargo a pesar de tener un mismo objetivo, la relación entre ellas se presenta, en ocasiones, con un alto índice de conflictividad y problemática en su gestión (Pourtois y Desmet, 1992). Pero la pregunta es: ¿Por qué sucede esto? ¿qué motivos hay para que aparezcan relaciones hostiles entre ambos? En principio hay que tener en cuenta que para que se establezcan relaciones serenas y fluidas es necesario dejar claras las bases en las que se sustenta la relación y los principios que la sostienen.
Según Machargo (1997) algunas de las causas que propician el deficiente funcionamiento de las relacines que se establecen en el contexto educativo entre familia y escuela son:
  • La Discrepancia en los objetivos y expectativas de padres y educadoras/es y la falta de discusión y análisis de los mismos, la complejidad de la educación y la variedad de interés que confluyen en ella hacen dfícil el encuentro y la concordancia.
  • La ausencia de Modelos que canalicen eficazmente todos los esfuerzos por mejorar la acción educativa y que impulsen y organicen la participación y colaboración de los distintos estamentos, fijando las correspondientes competencias.
  • Las actitudes de intransigencia por ambas partes, celo excesivo en la defensa del propio territorio, suspicacia y sensibilidad exageradas, ausencia de espíritu de autocrítica, afán por hacer responsable a la otra parte de las deficiencias y fracasos educativos, ciertos protagonistmos, han dificultado seriamente el acercamiento entre padres y profesores.
Lo primero que descartamos es la idea de que existen padres que están desisnteresados por la escuela: su inhibición y absentismo pueden constituir expresión de temor, de desconocimiento, de falta de información y comunicación, de desorientación acerca de sus posibles actuaciones, etc. En principio todos los padres quieren lo mejor para sus hijos pero pueden tener formas de verlo diferentes a la escuela o esperar de ésta cosas diferentes.
La escuela deberá hacer un esfuerzo de comunicación para que sus objetivos pedagógicos sean "legibles" y "visibles" para las familias y para explicar y poner en común las expectativas recíprocas de padres y educadores. Se trata de fabricar la convergancia, de crear la convicción comparida, de instaurar una convivencia indispensable entre familia y escuela que constituirá una de las claves fundamentales del éxito.
La escuela no puede ignorar la opinión de los padres, necesita obtener su acuerdo par que exista un buen funcionamiento y llegar a un consenso acerca de las cocepciones fuanmentales de la vida escolar como la disciplina, la dinámica escolar, etc.
Compartir las tareas educativas es el principio que debe regir la relación familia-escuela. Para ello se hace imprescindible que exita un proceso de negociación y comunicación permanente para poder dividir las responsabilidades y las acciones educativas.
Padres y educadores deben encontrarse, ponerse de acuerdo y definir sus respectivos roles. Ante esto la escuela puede reaccionar de diferentes formas, desde abrirse atenta a los deseos de las familias, brindando vías que permitan su integración a colocarse en una postura defensiva, replegándose sobre sí misma y cerrando la puerta al diálogo.
En muchas ocasiones la actitud de las educadoras suele ser ambivalente con respecto a la participación de los padres; por un lado la ven como una injerencia o intrusión en su campo profesional, por el otro reconocen que el factor familiar es importante para la consecución de los objetivos académicos planteados.
Sin embargo, por lo general, son los padres que ya están sensibilizados por lso problemas o temas educativos quienes paricipan más de la vida escolar; los padres con dificultades no suelen hacerlo tanto, por lo que podemos decir que la escueal suele sensibilizar a los que ya son sensibles. (Testoni, 1995)

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